La intención

A veces olvidamos que cada uno lleva un mundo dentro. Cada emoción, pensamiento o reacción nace primero en nosotros.      Podemos cuidar nuestras palabras y nuestra intención, pero no la mirada

La intención

A veces olvidamos que cada uno lleva un mundo dentro. Cada emoción, pensamiento o reacción nace primero en nosotros.     

Podemos cuidar nuestras palabras y nuestra intención, pero no la mirada con la que los demás las reciben.

No se trata de dejar de empatizar ni de ser indiferentes, sino de entender que aunque nuestra comunicación sea clara y honesta, cada persona elegirá cómo interpretar lo que hacemos o decimos.

Separar nuestra intención de la interpretación del otro es un acto de libertad. Es permitirnos ser auténticos, expresar lo que necesitamos y cuidarnos sin cargar con culpas que no nos pertenecen.

Podemos elegir cómo impactar en nuestro entorno, pero no controlar lo que cada persona hace con eso.